martes, 7 de octubre de 2014

LA ESPIRITUALIDAD EN EL PROCESO DE ENVEJECIMIENTO DEL ADULTO MAYOR

LA ESPIRITUALIDAD EN EL PROCESO DE ENVEJECIMIENTO DEL ADULTO MAYOR
Cecilia San Martín Petersen. Universidad de la Frontera, Temuco, Chile



Fuente: http://reflexionesdiarias.wordpress.com/2010/04/21/cuatro-leyes-de-la-espiritualidad/



Posición del grupo frente al Artículo

El mundo de la intervención social, y en particular el cuidado a los ancianos, está en constante progreso. Una de los avances significativos es precisamente la superación del  asistencialismo y la consideración de las múltiples causas que concurren en los procesos de  exclusión, así como la necesidad de realizar procesos de acompañamiento centrados en las  personas y no sólo en la resolución de problemas.

La creciente conciencia de que la verdadera salud es una experiencia biográfica más  que una simple disfunción en algún órgano o la ausencia de traumatismos, está  contribuyendo a repensar modelos de intervención que contribuyen también a la  humanización del mundo de la intervención social, que se empeña igualmente por generar  salud en las relaciones, en la sociedad, en cada una de las personas.

La mirada de la caridad transforma y ofrece nuevas perspectivas al significado  de la acción social. En el contexto de Cáritas, por ejemplo, la acción social se entiende  como la que se ejerce a través de un conjunto de servicios destinados a ayudar a los  grupos sociales a resolver sus necesidades, y como instrumento para crear los recursos  necesarios para una mejor calidad de vida. La acción social concebida así implica la  participación de la persona, de los grupos y de la comunidad para resolver sus  problemas. Se pide una acción colectiva para alcanzar los objetivos propuestos.

La  concepción holística de la persona y la responsabilidad comunitaria son características  esenciales de la misma. Está en juego la dimensión espiritual en la acción social porque  están en juego los valores, porque están en juego las personas.


La dimensión espiritual, abarca la dimensión religiosa, la incluye en parte. En  ella podemos considerar como elementos fundamentales todo el complejo mundo de los  valores, la pregunta por el sentido último de las cosas, las opciones fundamentales de la  vida (la visión global de la vida).

Angelo Brusco, dice que “espiritualidad es el conjunto de aspiraciones, convicciones, valores y creencias capaces de organizar en un proyecto unitario la vida del hombre, causando determinados comportamientos. De esta plataforma de interrogantes existenciales, principios y valores parten caminos que llevan a elevadas metas del espíritu.  Es el caso de la espiritualidad religiosa, que radica tales principios y valores en la relación con un ser trascendente. En la religión cristiana, este ser trascendente es el Dios que por medio de Jesucristo nos ha sido revelado, un Dios con el cual establece el creyente una  relación de amor del cual saca la fuerza para realizar su proyecto de vida en el ámbito de todas las dimensiones del ser.

Por su parte,  La Organización Mundial de la Salud dice que lo “espiritual se refiere a aquellos  aspectos de la vida humana que tienen que ver con experiencias que trascienden los  fenómenos sensoriales. No es lo mismo que “religioso”, aunque para muchas personas la  dimensión espiritual de sus vidas incluye un componente religioso. El aspecto espiritual de  la vida humana puede ser visto como un componente integrado junto con los componentes  físicos, psicológicos y sociales. A menudo se percibe como vinculado con el significado y  el propósito.

Espiritualidad y Personas mayores




Fuente: http://koffi1948.blogspot.com/2013/10/el-anacoreta-y-la-oracion-de-los.html


A este respecto, no es infrecuente encontrar dificultad a nombrarlas cayendo, con una cierta frecuencia en las puras necesidades que otros calificarían de psicológicas.  Salvadas las necesidades específicamente religiosas, relacionadas con la celebración de la  fe, numerosas necesidades pueden ser descritas por la psicología y por la reflexión sobre la  espiritualidad. Ahora bien, la identificación de algunas de ellas como específicamente  espirituales nos refleja un modo de considerar al hombre y un punto de partida desde el  que le queremos comprender a la persona: una visión holística.

Cada vez se es más consciente de la importancia de la detección de las necesidades  espirituales. Dice Gómez Sancho que entender el asunto de que las necesidades  espirituales y religiosas no son sinónimas, tiene una gran importancia práctica. No es  asunto exclusivo del sacerdote o pastor intentar hacer frente a este tipo de necesidades.

Fuente: http://www.gerontologia.org/portal/archivosUpload/Espiritualidad_Mayores.pdf


Ahora nos planteamos: ¿tiene que ver la dimensión espiritual y las necesidades  espirituales con el cuidado a los mayores? La respuesta no puede ser más que afirmativa. Más aún, podemos constatar, avanzando en la reflexión, que muchas personas excluidas  tienen vulnerada, debilitada su dimensión espiritual. Y, en todo caso, la exclusión que  algunos mayores sufren es el resultado de una patología del espíritu de los individuos y de  la comunidad que son capaces de generar personas al margen o fuera del margen.

Según este planteamiento, cualquier intervención que no quiera ser sólo  asistencialismo, debe considerar a cada persona como destinataria de la intervención en su  totalidad. De este modo, la intervención (incluso a nivel económico, laboral o de vivienda)  podrá ser duradera y no un mero paliativo.

Para los creyentes cristianos, hemos de decir que nos sentimos habitados por el  Espíritu de Jesús que nos ha sido derramado en nuestros corazones (Rom 5,5) y que nos da  el querer y el poder caminar tras las huellas de Jesús “interpretando lo que vaya viniendo”  (Jn 16, 13).  El seguimiento de Jesús nos invita a escrutar los signos de los tiempos captando las  necesidades de las personas que encontramos, conciliando la contemplación y la acción  liberadora, la vida y la
celebración, la gratuidad y la eficacia, en un momento en el que  todo se vive como dualidad, ruptura y falta de integración.

Pellicer refiere algunas implicaciones prácticas de la vida espiritual en la  intervención social, que, sintetizándolas serían: 
·         Revestirse de los mismos sentimientos de Jesús, al que se le conmueven las  entrañas ante el dolor y sufrimiento de su pueblo.
·         Reproducir los mismos gestos que Jesús, los del Buen Samaritano: ponerse en camino, acercarse al pobre, observar lo que ocurre, apearse de la cabalgadura,  inclinarse hacia el hermano, aportar el bálsamo propio, desprenderse de los  denarios, implicar a otros.
·         Alimentar las actitudes fundamentales en el encuentro personal e intransferible, con la oración y la contemplación.
·         Educar la propia humanidad, es decir, que el cuerpo obedezca a lo que el corazón ha experimentado: la misericordia.  

De lo anteriormente señalado se desprende que la importancia de estudiar la espiritualidad en la adultez mayor está dada, entre otras cosas, por su relación con varias de las dimensiones del bienestar psicológico y del bienestar subjetivo. También desde un punto de vista psicológico, puesto que las creencias y experiencias religiosas y espirituales son parte integrante de la personalidad (Peterson & Seligman, 2004). Y finalmente, porque un cuerpo creciente de investigación empírica está mostrando importantes implicancias de la espiritualidad en la salud mental, uso de alcohol y drogas, ajuste marital, crianza, consecuencias de experiencias de vida estresantes, y morbilidad y mortalidad (Pargament y Mahoney, 2002). 



No hay comentarios:

Publicar un comentario